martes, 1 de noviembre de 2016

Deficiencias éticas de la Sociedad de la información (I)


Fragmento del artículo: Deficiencias éticas de la Sociedad de la información

Autor: Belén Avila Rodríguez de Mier
Revista: Sociedad y Utopia, nº 47 (Julio 2016)
Resumen: Ante los retos que plantea la Sociedad digital, este trabajo pretende abordar las principales características de dicha problemática, haciendo especial énfasis en los pronunciamientos más recientes del pensamiento de la Iglesia Católica.




1.    INTRODUCCIÓN
«No todo lo que es técnicamente posible es también éticamente razonable», Benedicto XVI (04-05-2008)

En las nuevas sociedades de la información es frecuente el uso de  expresiones tales como brecha digital, digital divide, inforicos e infopobres, infopobreza, copy-right, copy-left o derecho al olvido. Realidades, todas ellas, relacionadas con el concepto de “infoética” popularizado, como apunta Fernández del Moral (2012), durante el papado de Benedicto XVI a raíz de su mensaje para la XLII  Jornada Mundial  de las Comunicaciones Sociales (04-05-2008). En está ocasión, el Papa hablaba de la «vertiginosa evolución tecnológica» que estaban viviendo los medios de comunicación social y de las «potencialidades extraordinarias» e «interrogantes y problemas» que de dicha evolución se estaban derivando.  Benedicto XVI  alertaba sobre la «ambigüedad del progreso» que tanto ofrece «posibilidades inéditas para el bien» como «abre enormes posibilidades de mal que antes no existían» y de la necesidad de preguntarnos, desde la sensatez, sobre la conveniencia o no de que los medios de comunicación adquieran un protagonismo  indiscriminado en la sociedad.
«Cuando la comunicación pierde las raíces éticas y elude el control social, termina por olvidar la centralidad y la dignidad inviolable del ser humano []. Son muchos los que piensan que en este ámbito es necesaria una "info-ética", así como existe la bio-ética [] Hay que evitar que los medios de comunicación social se conviertan en megáfono del materialismo económico y del relativismo ético» Benedicto XVI (04-05-2008).

La infoética o ética de la información estudia los asuntos morales que surgen del desarrollo y aplicación de las tecnologías informáticas, a día de hoy, basadas casi en su totalidad en la información. Los asuntos más debatidos en el campo de la infoética giran en torno a la brecha digital, los comportamientos en la infoesfera, el multiculturalismo y los derechos a la privacidad, al olvido y a la propiedad. Un ejemplo de temática lo tenemos en los tres Congresos Internacionales de INFOética (1997, 1998 y 2000) organizados por la UNESCO en los que se trataron los «desafíos éticos, jurídicos y societales del ciberespacio» para «sentar las bases de una reflexión internacional sobre los principios éticos fundamentales que han de inspirar la acción política transnacional en el marco de la ciber-era» (UNESCO, 25-08-1999). Algunos de los asuntos que se discutieron en estos eventos fueron el acceso adecuado a la información digital;  la preparación de las sociedades para el ambiente multimedia; la cuestión del multilingüismo; la privacidad y confidencialidad en el ciberespacio; los  derechos de autor; la propiedad intelectual y el ’uso justo’ de la información; o las sociedades y la globalización. Agudo Guevara (2000), en su ponencia para el tercer Congreso de INFOética (París, 2000), planteaba las siguientes cuestiones a trabajar desde la infoética:
« ¿Es democrático el acceso a la información que “flota” en Internet?; ¿Cómo se garantizará su preservación como parte de la memoria de la época en que vivimos?; ¿Cómo se garantizarán los “Copyrights” de la información contenida en el espacio cibernético?; ¿Cómo se protegerá nuestra privacidad en Internet?; ¿Cómo será considerada la libertad de expresión en las “redes públicas globales"?»

La infoética se aplica en un universo de alta complejidad caracterizado, como apunta Silvia Pellegrini (2011), por cuatro grandes y nuevas realidades: conocimiento fraccionado; rechazo a las respuestas únicas o de carácter trascendente; valoración extrema de la libertad individual; y una alta apreciación de la visibilidad de cada uno.

Conocimiento fraccionado y superficial. La “generación digital” es “multitarea”, una facultad que trata y consume de manera simultánea un gran número de trabajos e informaciones. Esta obsesión por tener muchos frentes abiertos, a los que se dedica el mínimo tiempo posible, hace que la capacidad de atención y concentración descienda y que la información sea tratada de una manera mucho más sucinta y superficial. Por otra parte, la información en la red se presenta fragmentada por el uso del hipertexto, formato que posibilita la lectura no secuencial y que permite la coexistencia de varios autores y la ampliación de información de manera casi ilimitada. El conocimiento, a través de los  hipertextos, se ve limitado cuando la persona, o no ha desarrollado las competencias necesarias y se desorienta o, no está suficientemente preparada para desenvolverse en situaciones de sobrecarga informativa. Como apunta Nicholas Carr (2011), el uso constante de la red está afectando nuestra biología cerebral y alterando nuestra forma de pensar, ya que la «facilidad de la web» nos está indisponiendo para la concentración que exige el pensamiento crítico y profundo.  «Internet hace que disfrutemos de ser superficiales» y, pese a haber mucha más información y que ésta sea mucho más accesible que nunca, esto no ayuda a desarrollar pensamientos complejos, pues «las nuevas tecnologías nos instan a buscar, pero no a reflexionar». Una consecuencia directa del conocimiento fragmentado y superficial es, como alerta el  Papa Francisco (24-11-2013), el riesgo de que nuestros mensajes aparezcan «mutilados» y reducidos a sus aspectos más secundarios.

Valoración extrema de la libertad individual. Internet fue concebido en la década de los sesenta, durante la “guerra fría”, como una red descentralizada de ordenadores que, en caso de una “guerra nuclear”, permitiera que la perdida de máquinas no ocasionase la pérdida de información vital. De ahí que la clave de Internet se encuentre en la “descentralización”, característica, como explica el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales en Ética en Internet (22-02-2002/1), coincidente con «la mentalidad opuesta a cualquier tentativa de reglamentación por la responsabilidad pública». Alrededor de Internet ha crecido un «individualismo exagerado» y los más radicales defienden una «libertad sin límites» en la red. Juan Luis Cebrián (1998) presenta una «sociedad caótica» producto, entre otras cosas, de las escasas o nulas jerarquías existentes en la red que, junto a un crecimiento muy rápido y autónomo, está haciendo que sean los usuarios los que tomen de manera cuasi inmediata la mayor parte de las decisiones. Los gobiernos e instituciones supranacionales están emprendiendo una carrera apresurada hacía el establecimiento de normas que regulen la competencia del sector aunque,  la mayoría de estas,  ven la luz cuando ya no son útiles: «El tempo y las preocupaciones que rigen el trabajo de los funcionarios no tienen nada que ver con el ritmo impuesto por la industria y los consumidores». Acerca de la necesidad de una  reglamentación de Internet, el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales (22-02-2002/1) se muestra contrario a la censura previa de los gobiernos abogando, siempre que sea posible, por una autorregulación.
« Hacen falta […] nuevas leyes para afrontar delitos especiales en Internet, como la difusión de virus de ordenadores, el robo de datos personales almacenados en discos duros, y otros similares. […] La difusión de Internet también plantea otras muchas cuestiones éticas concernientes a asuntos como la privacidad, la seguridad y confidencialidad de los datos, el derecho y la ley de propiedad intelectual, la pornografía, los sitios cargados de odio, la propagación de rumores y difamaciones disfrazados de noticias, y muchos más».

Alta apreciación de la visibilidad de cada uno. La “identidad digital” empieza a ser tan importante o más que la “vida real”. Y las redes sociales, definidas por Donath y Boyd (2004) como public displays of connection (dispositivos para la definición de la identidad ante los otros), cobran la máxima relevancia. McLuhan, en su desarrollo del Mito de Narciso, ya señalaba que lo que el mito pone de relieve es que «el hombre queda inmediatamente fascinado por cualquier prolongación de sí mismo en cualquier material distinto a su propio ser» (Caro Castaño: 2012). Dolors Reig (2012) llega a hablar de una «disonancia cognitiva» entre la realidad on-line y off-line que, cuando surge de manera constante en nuestras vidas, produce malestar. Y, para el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales (04-06-2000), «La gente, dependiendo de cómo usa los medios de comunicación social, puede aumentar su empatía y su compasión o puede encerrase en un mundo narcisista y aislado, con efectos casi narcóticos».
Ante tan complejo panorama, se hace imprescindible la implementación de estrategias dirigidas a buscar principios universales que sean aceptables para todo tipo de culturas; elaborar una estructura deontológica que tenga relación con la lógica del mundo digital; desarrollar controles efectivos; y elaborar una serie de catálogos de buenas prácticas. Aspectos que la Iglesia, las Naciones Unidas y la UNESCO están tratando desde finales de los años noventa, prueba de ello son iniciativas tales como:
       Celebración, por parte de la UNESCO,  de tres Congresos de INFOética (1997, 1998 y 2000)
       Creación del Grupo Europeo de Ética de la Ciencia y de las Nuevas Tecnologías, «organismo independiente, pluralista y multidisciplinario instaurado por la Comisión Europea con el fin de asesorar en torno a los aspectos éticos de las ciencias y las nuevas tecnologías de cara a la preparación y puesta en práctica de normativas o políticas comunitarias» Comisión Europea (11-12-1997)
       La publicación por parte del Pontificio Consejo de Comunicaciones Sociales de los textos Ética en Internet (22-02-2002/1) y La Iglesia e Internet  (22-02-2002/2)
       Celebración por parte de la UIT (organismo especializado de las Naciones Unidas para las Tecnologías de la Información y la Comunicación–TIC) de la Cumbre Mundial sobre la sociedad de la Información. El evento se dividió en dos fases: Ginebra del 10 al 12 de diciembre de 2003 y Túnez del 16 al 18 de noviembre de 2005. La finalidad era «redactar y propiciar una clara declaración de voluntad política, y tomar medidas concretas para preparar los fundamentos de la Sociedad de la Información para todos, que tenga en cuenta los distintos intereses en juego» ITU (s.d)
       Publicación por parte de la UNESCO del primer Informe Mundial sobre las sociedades del conocimiento, Hacía las sociedades del conocimiento, con la finalidad de dar algunas  respuestas  éticas  y  prácticas a cuestiones tales como «¿Qué  debemos hacer ante  los  desequilibrios  que  existen  en  el  acceso  al conocimiento y ante los obstáculos que se oponen a ese acceso, tanto a nivel local como mundial?». Koichiro Matsuura, Director General de la UNESCO, (2005).
       Celebración desde 2006 de un Foro para la Gobernanza de Internet (IGF) y de Foros para la Gobernanza de Internet locales que «responden a la necesidad de cada nación de diseñar sus propias políticas públicas atendiendo a criterios de identidad nacional y territorial en lo que se refiere a cultura, idioma y respeto a las libertades de cada individuo, siempre en sintonía con los convenios y acuerdos internacionales.» IGF Spain (s.d).
       Celebración de las Jornadas Mundiales de la Comunicación Social organizadas por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales y que han tratado temas tales como: “Los medios: red de comunicación, comunión y cooperación” (2006); “Nuevas tecnologías, nuevas relaciones. Promover una cultura de respeto, de diálogo y amistad”; “El Sacerdote y la pastoral en el mundo digital: los nuevos medios al servicio de la Palabra”  (2010): “Verdad, anuncio y autenticidad de vida en la era digital” (2011); o, “Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización” (2013).
       Celebración en Santiago de Chile (17-10-2011) del II Congreso RIIAL: “Iglesia y Cultura digital”, organizado por el Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la Conferencia Episcopal de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile. Los objetivos, como se refleja en la página web del congreso, eran «propiciar un espacio de reflexión, actualización y acción en la Iglesia de América Latina, para impulsar la comunión eclesial y responder a las exigencias comunicacionales de la Misión continental y la evangelización permanente, en el contexto de la cultura digital y las características de la sociedad-red en este cambio de época histórica».
       Por su carácter de autorregulación, destaca también Netiquette,  un reglamento que surge de manera espontánea en la red y es recogido en octubre de 1985 en el monográfico RFC 1855[1]. Este protocolo regula el comportamiento en Internet (Correos, Foros, Blogs y Chats) que deberíamos seguir sí no queremos ser considerados unos maleducados, novatos y/o trolls (provocadores-reventadores).  Un ejemplo del código de conducta en lo que a  la correspondencia electrónica se refiere es:
«Respeta los derechos de autor: Si vas a reenviar un mensaje recibido, nunca modifiques la redacción. Sí el mensaje es personal, pide permiso para difundirlo. Se puede acortar el mensaje citando solo las partes pertinentes pero siempre haciendo mención al autor. No envíes cartas en cadena, están prohibidas»



[1] Request for Comments: solicitudes de comentarios sobre el funcionamiento de Internet enviadas por expertos en la materia al IETF, el consorcio de colaboración técnica más importante en Internet, para su aprobación y publicación. 





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